Mariano tiene 20 años. Vive en San Isidro, fue a un colegio privado y estudia cine. Además, hace y vende remeras en una feria hippie.

Su nombre completo es Mariano Girelli. Tiene 20 años. Nació en San Isidro, donde vive con sus padres. Tiene 4 hermanos. Fue a un colegio privado en Tigre. Estudia cine en la Buenos Aires Comunicación (BAC). Jugó al rugby hasta hace dos años en el SIC (San Isidro Club). Guiándonos por estos datos podemos formar en nuestra cabeza un estereotipo bastante definido de Mariano. Es lo que algunos vecinos de San Isidro definen cómo un nycsi: nacido y criado en San Isidro. Nada de esto nos llamaría la atención si no fuera porque Mariano vende remeras que él mismo pinta en una feria hippie, oficio que nos despierta otro estereotipo. Sin embargo, en Mariano conviven perfectamente esas dos imágenes en una misma persona.

Es domingo a la tarde en la feria hippie de la plaza de la Catedral de San Isidro. Muchas personas desfilan por los puestos, sólo deteniendo su andar atraídos por alguna artesanía. Mariano está sentado en el pasto junto a una sábana blanca donde se exhiben sus remeras. Tiene puesto un traje de baño azul, unas ojotas de plástico marrones y una camisa de manga corta. Tiene una rasta en la nuca y una barba desprolijamente recortada.

“Desde los 17 años que vengo trabajando en relación de dependencia, pero me cansé, quiero hacer lo mío”, asegura Mariano mientras señala orgulloso sus remeras. “Trabajaba 7 días a la semana de cadete y de camarero. Ganaba muy buena plata, pero no me satisfacía. No me llenaba”, confiesa el ex rugbier, que vive en Thames y Panamericana, en el partido de Boulogne.

Según un reciente informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), dos de cada tres jóvenes de nuestro país de entre 18 y 19 años no tienen los conocimientos mínimos para incorporarse al mercado laboral, porque no terminaron la secundaria o porque no poseen capacidades básicas de lectura, entre otros factores. Siguiendo esta tendencia, no nos extrañaría que un joven con pocos recursos vendiera artesanías en una feria. Pero no es el caso de Mariano. Él goza de unas condiciones educativas y económicas que lo sitúan en una posición de privilegio. Sin embargo, él opta por dedicarse a lo que le gusta, resignando la posibilidad de obtener una mayor rentabilidad económica.

“Las remeras las compro en Once, después las pinto yo”, explica con entusiasmo Mariano, mientras gesticula y mueve las manos. Cada remera cuesta 30 pesos. Llevan dibujos de personajes de los Simpsons y de la tira Macanudo del diario La Nación. También realiza trabajos por encargo. “Un puesto arriba de la barranca te sale ocho pesos por día. Pero es una mafia ahí, si no sos amigo de los que manejan no te dan un puesto, además te revisan la mercadería. Acá abajo te sale diez pesos. Yo por ahora vengo con mi sábana, que es gratis”, explica Mariano. Todavía no vendió muchas remeras pero mantiene su optimismo.

Charla muy distendido. Por momentos parece que él está haciendo la entrevista. Ríe con ganas, y larga unas estruendosas carcajadas. Cada vez que puede intercala un comentario gracioso, o hace alusión a algún capítulo de los simpsons. Comenta que sus padres siempre lo apoyaron a él y a sus hermanos. “Tengo tres hermanas mujeres, las tres son maestras. Mi hermano vive en Barcelona, es chef. Yo estoy abriendo mi propio camino”, acota Mariano, que actualmente está dirigiendo su segundo cortometraje.

“Marianito, mirame las cosas. Pero miralas bien, eh”, le pide Norma, una señora mayor que vende collares de coco e hilo en un puesto ubicado en frente del de Mariano. “Andá nomás, yo te lo miro, no te preocupes”, la tranquiliza Mariano. Asegura que se lleva muy bien con todos sus vecinos artesanos y que son “gente muy buena”. Se desenvuelve con simpatía entre los paseantes y vendedores. Parece disfrutar mucho del pasto, del sol y del aire libre de la plaza, a la cuál llega todos los sábados y domingos al mediodía. “Me quedo hasta que se pone el sol. Es la mejor hora, porque la gente sale a pasear”, explica con aires de entendido.

Mariano es un caso atípico en nuestra sociedad actual, tan competitiva y tan preocupada por el dinero, dónde 8 de cada 10 jóvenes de su edad tienen trabajos precarios. Sin embargo, a pesar de sus capacidades educativas y económicas, él prefiere hacer lo que gusta. Él lo define de la siguiente manera: “Disfruto de lo que hago, no estoy vendiendo remeras en una plaza por necesidad, lo hago porque me llena y me realiza”.

Mariano Girelli

Mariano Girelli con sus remeras en la plaza

 

Cómo lo vi

Mi intención era realizar un perfil sobre un policía de los que realizan el control de alcoholemia a los conductores a la salida de los boliches. Por problemas técinos no pude realizar mi propuesta. Al día siguiente fui a la plaza a ver si encontraba a algún personaje que llamara mi atención. Lo primero que me atrajo no fue el personaje, sino sus remeras de Liniers, del cuál soy un entusiasta lector. Mariano es muy simpático, muy alegre y muy atento. Con total naturalidad charlamos durante largo rato, sentados junto a su puesto. No pude comprarle una remera porque no tenía de mi talle, pero le encargué una.

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