1810 – 2010: ¿Qué nos dejaron nuestros próceres?

“¿Es el de la calle?”, escuchan preguntar regularmente los maestros cuando mencionan algún prócer de nuestro país. “Sí, el de la calle”, responden resignados. ¿Será lo único que nos dejaron nuestros antecesores? ¿El nombre de una calle, avenida o partido? De ser así, sería muy triste, ya que ellos ni siquiera fueron los que le dieron su nombre (salvando el caso posterior del matrimonio Perón que bautizó con su nombre distintos lugares de nuestro país), si no que “alguien” juzgó correcto homenajearlos de esa manera. Hasta hace no muchos años uno conocía a los héroes nacionales a través de enciclopedias, láminas o la revista Billiken. Hoy, si los chicos tienen que buscar una biografía recurren a Google. ¿Qué ranking tienen nuestros próceres en el buscador? El apellido “San Martín” tiene 77 millones de resultados. Belgrano tiene 6 millones. Moreno tiene 53 millones (algunos tantos serán referidos a Guillermo, lo que hace dudar de la credibilidad del dato). Sarmiento tiene 10 millones. Sólo tomo algunos referentes de la historia de nuestro país. ¿Quién escribe las biografías que figuran en Internet? En definitiva esa es la información que consumen los alumnos actualmente. No me atrevo a decir que los maestros también utilizan Internet como fuente única de información, lo cual no estaría mal… si uno sabe dónde buscar y de dónde viene la información. Es como buscar diamantes en el barro. ¿Cuántos diamantes sobre San Martín habrá en 77 millones de resultados? George Orwell decía “quien controla el presente, controla el pasado. Quien controla el pasado, controla el futuro”. ¿Quién controla el presente en Internet? Estimo que nadie en su totalidad. Pero, de alguna manera, el que escribe una biografía de San Martín que figura primera en el ranking de Google está controlando nuestro pasado. Al menos para los alumnos. No sé si alguien debería controlar el contenido de Internet, ni tampoco creo que sea posible. Entiendo que la “objetividad” es inalcanzable. No obstante, es fundamental que se difunda correctamente la vida, obra y pensamientos de nuestros próceres.

Estamos a pocos días del comienzo del Mundial de Fútbol. En este marco, todos somos más argentinos que nunca. Hasta las empresas multinacionales, como Coca-Cola, aseguran alentar a nuestra selección (por más que la campaña publicitaria que hacen es la misma para varios países sudamericanos, cambiando solamente la bandera). Cómo en Navidad, absolutamente todo estará decorado con los colores de ocasión. Hace unos días una compañera de la facultad me preguntó “Belgrano era el de la bandera, ¿no?”. Me reí. Por lo menos estaba algo orientada, a pesar de las dudas. ¿Sólo nos dejó eso Belgrano? Ser “el de la Bandera”. Es como reducir a San Martín a “el del caballo blanco” (por más que hay historiadores que aseguran que nunca montó un caballo de ese pelaje). No le preguntaron a Karina Jelinek en el programa CQC quién era mejor compositor si López o Planes, pero estoy seguro de que hubiese apostado por algunos de los dos si la hubiesen desafiado. Tampoco tomo a la modelo como una referente de la cultura nacional. Cuando llegue el primer partido del Mundial, muy emocionados cantaremos a voz de cuello la letra que escribió Vicente López y Planes, mejor dicho “el del Himno”. Peor aún, algunos próceres son los “del feriado”. Pobre Sarmiento, el 11 de septiembre hoy en día es más recordado por el atentado a las Torres Gemelas que por el día del Maestro. Sarmiento ya ni siquiera es “el del 11 de septiembre”. Por lo menos tiene un feriado, no como Mariano Moreno, que ni si quiera eso tiene. A veces nos olvidamos de que sólo tenía 33 años cuando ocupó el cargo de secretario de la Primera Junta y creó la Gaceta de Buenos Aires. Esa edad tenía cuando falleció en altamar y se le dio sepultura en el océano. Saavedra diría “era menester tanta agua para apagar tanto fuego”. Moreno nos dejó el anhelo de independencia y la pasión de vivir por lo ideales. Valores que todos podemos imitar en la actualidad.

Es curioso que San Martín tenga una estatua  en el Central Park, en Nueva York. Es una inmensa estatua de bronce que inmortaliza al General montando un caballo y señalando el horizonte. ¿Será más valorado en los Estados Unidos? El problema con San Martín es que su nombre ha sido muy “bastardeado” (si se me permite la expresión). Políticos de toda índole alzan su bandera, como portadores de su legado. Eso puede confundir un poco, porque a veces las visiones de los políticos son contradictorias. Por otro lado, ¿cuál es ese legado? En el verano tuve la suerte de realizar el cruce de los Andes por el paso del Libertador. Fueron 16 días de caminata por la cordillera para recorrer los 400 kilómetros que separan Mendoza de Santiago de Chile. Cuando llegué lo único que quería era bañarme, comer y dormir por una semana. En ese momento me puse a pensar que el Ejército de los Andes luego de semejante viaje no podía hacer eso, porque tenían que ir a pelear. Ahí comprendí lo que significa vivir radicalmente un ideal. En este caso el de la libertad. Ese es el gran legado de José de San Martín, por más que los políticos de turno traten de acomodar sus objetivos para tener el respaldo del Libertador. San Martín nos dejó el grito sagrado de la libertad, nada más y nada menos.

¿Por qué hay que recordar a los próceres? ¿Simplemente para saber por qué una calle tiene cuál o tal nombre? Estos hombres nos dejaron un país, una nación. Lucharon por la libertad, por la independencia y por la democracia. Son todas palabras muy lindas, pero que en su aplicación son muy lejanas a nuestra realidad. Quizás no hayan sido los mejores hombres o quizás hayan tenido una vida intachable (eso lo develarán probablemente las novelas históricas de tinte conspirativo). Lo que es seguro es que hicieron algo por nuestro país. Pelearon por ideales por los que vale la pena luchar. Estos ideales son como la zanahoria que se pone delante del burro para que camine. Nunca los vamos a alcanzar, pero por lo menos nos pondremos en movimiento. Vaya a saber uno en donde terminaremos. Como dice el refrán: “más vale pasarse la vida atajando locos que empujando estúpidos”. Nuestros próceres fueron locos en cierta forma, pero tenían claro que no querían permanecer con los brazos cruzados, ni mirar para otro lado. Decidieron involucrarse, palabra que nos asusta a todos. No sé cómo nos mirarían los padres de la patria si nos viesen hoy. Creo que empezarían a empujar estúpidos, porque hoy no hay tantos “locos” que se comprometan con la búsqueda por tener un país mejor. Nuestras búsquedas se limitan a Google.

Durante los próximos meses se va a respirar en el país un aire de patriotismo muy particular. El bicentenario y el Mundial. Veremos flamear nuestra bandera en todos los balcones. Saldremos a la calle con la camiseta de nuestra selección, tal vez con la cara pintada y con gorros de arlequines. Qué lindo sería poder mirar a nuestra bandera con orgullo, no por tener a Maradona o a Messi (“los de la pelota”), si no por saber que detrás de ese celeste y blanco hubo hombres valientes y comprometidos que lucharon para que nuestro país sea libre y sea grande. Honremos a esos hombres. No les agradezcamos solamente porque gracias a ellos tenemos feriados, o los colores más lindos que pueda haber para una bandera. Tomemos su ejemplo. Portemos el legado que nos dejaron. Recuperemos nuestro pasado, para poder proyectar nuestro futuro. Que los libres del mundo nos miren y llenos de admiración nos respondan “Al gran pueblo argentino, ¡Salud!”.

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